15 nov. 2010

apatía




Bailando entre el ruido de los autos. Cerré los ojos y dejé que la gente se deslice entre mi sombra. La lluvia trepaba por mis rodillas; la ciudad se volvió entonces abismo entre las luces. Quise caminar sobre las piedras, quise dejar este malestar entre el pavimiento; pero no hay viento que levante esta amargura. El tedio pesa más que el mismo firmamento. Los mirlos se agrupan en nubes y bajan en espirales grises... pero, un momento, debo dejar estas ilusiones vanas, no hay lirismo que embellezca estas calles, esta gente que ignora a los ciegos... La ciudad palpita al ritmo de su propia decadencia. Ajeno a este trajín, me declaro inerme ante vaivén de este mundo que no comprendo.

Apatía... lo que antes importaba, pronto dejó de importar.